Los Tres Discípulos

Noviembre 02 de 2009

Cuentan que existió una vez un shihan que tenía un dojo en una ciudad japonesa. Como ya era demasiado viejo, debía decidir a quién iba a dejar a cargo del dojo; El Shihan tenía tres alumnos muy aventajados y pensó que entre uno de ellos estaría el nuevo sensei.

Para decidir a cual dejaba tal responsabilidad realizó la misma prueba a cada uno de ellos. En la parte superior de la entrada a una habitación ubicó una vasija de barro llena de agua, de tal forma que ésta cayese una vez alguien abriera las puertas corredizas.

El Shihan llamó a uno de sus tres alumnos, Kunoichi, que tenía 10 años practicando karate y estaba en ese momento haciendo sus ejercicios; al oir el llamado del Shihan atendió inmediatamente a la habitación. Abrió la puerta y la vasija de barro cayó. Antes de que siquiera lo tocará, Kunoichi le propinó varios puñetazos y patadas, de tal forma que el recipiente quedó hecho pedazos y el agua derramada por el suelo. El Shihan felicitó a su alumno.

Al día siguiente el Shihan repitió la prueba con el segundo alumno, Genosuke, quien tenía 20 años en la práctica del karate. “Genosuke”, exclamó. Éste dejó de dar puños en el makiwara y acudió enseguida a la habitación. Abrió las puertas corredizas y cayó la vasija. Genosuke, rápido como un rayo, la tomó en el aire y sin derramar una sola gota de agua la colocó en el suelo. Por supuesto, el Shihan felicitó a su discípulo.

El tercer día el maestro llamó a su tercer candidato. Watanabe, quien tenía 30 años entrenando, estaba golpeando el sandbag cuando escuchó la voz de su sensei. Sin vacilar se dirigió a la habitación. Cuando estaba a punto de ingresar se detuvo, y empezó a abrir las puertas con suma lentitud. Mirando con mucho cuidado advirtió la vasija que pendía del techo y la señaló al Shihan. El maestro sonrió y felicitó a Watanabe.

Por supuesto, de los tres alumnos, Watanabe, quien advirtió el peligro aún sin verlo, fue el escogido por el Shihan para dirigir el dojo. Ya Watanabe había aprendido a luchar para no tener que luchar.

A medida que avanzamos en la práctica de un arte marcial, nos damos cuenta que no sólo se va ganando en habilidades, sino también en humildad. Un verdadero karateka no es soberbio ni exhibicionista, intuye el peligro y evita los enfrentamientos. Esa es la verdadera esencia del camino de las manos vacías.

Historia basada en el relato del Sensei Hamilton Huarán, en su visita a Barranquilla.

Escrito por Liliana Bohórquez para Clubkansei.com

Liliana Bohórquez

Acerca del Autor

Liliana Bohórquez es Licenciada en Educación Física, Comunicadora Social y Cinturón Negro 1er Dan en Karate Do Shotokan. Es entrenadora y co-fundadora del Club Kansei y tiene un exitoso recorrido como competidora.

Artículos Relacionados

1 Comentarios

gabriela #1

a mi me encanta el karate! es mas yo ago no hace mucho que empece hace mas o menos 2 meses y es que yo ago es karate-do-shotokan bueno ami me gusto mucho este articulo! espero que siga asi

con cariño gabriela

Diciembre 10 de 2009, 05:59 am

Deja Tu Comentario

Tu E-mail no será mostrado públicamente

Opcional