El Samurai y El Pescador
Enero 11 de 2010
Durante la ocupación Satsuma de Okinawa, un Samurai japonés que le había prestado dinero a un pescador, hizo un viaje para recolectarlo a la provincia Itoman, donde vivía el pescador.
No siéndole posible pagar, el pobre pescador huyó y trató de esconderse del Samurai, que era famoso por ser muy iracundo. El Samurai fue a su hogar y al no encontrarlo ahí, lo buscó por todo el pueblo. Finalmente, al atardecer, y estando muy enojado por no poder dar con el pescador, lo encontró bajo un barranco que lo escondía de la vista. En su enojo, desenvainó su espada y le gritó: “¿Qué tienes para decirme?”.
El pescador replicó, “Antes de que me mate, me gustaría decir algo. Humildemente le pido esa posibilidad.” El Samurai dijo, “¡Ingrato! Te presto dinero cuando lo necesitas y te doy un año para pagarme y me retribuyes de esta manera. Habla antes de que cambie de parecer”.
“Lo siento”, dijo el pescador. “Lo que quería decir era esto. Acabo de comenzar el aprendizaje del arte de la mano vacía y una de las cosas que he aprendido es el precepto: Si tu mano se alza, restringe tu temperamento; si tu temperamento se alza, restringe tu mano”.
El Samurai quedó anonadado al escuchar esto de los labios de un simple pescador. Envainó su espada y dijo: “Bueno, tienes razón. Pero acuérdate de esto, volveré en un año a partir de hoy, y será mejor que tengas el dinero”. Y emprendió el camino de vuelta a su provincia.
Había anochecido cuando el Samurai llegó a su casa y, como era costumbre, estaba a punto de anunciar su regreso, pero se vio sorprendido por un haz de luz que provenía de su pieza, a través de la puerta entreabierta.
Afinó su ojo y pudo ver a su esposa tendida durmiendo y el contorno impreciso de alguien que dormía a su lado. Muy sorprendido y explotando de ira se dio cuenta de que era un samurai.
Sacó su espada y sigilosamente se acercó a la puerta de su pieza. Levantó su espada preparándose para atacar a través de la puerta, cuando se acordó de las palabras del pescador: “Si tu mano se alza, restringe tu temperamento; si tu temperamento se alza, restringe tu mano”.
Volvió entonces a la entrada y dijo en voz alta, “He vuelto”. Su esposa se levantó, y abriendo la puerta salió para recibirlo afectuosamente. El Samurai no podía comprender la reacción de su esposa, hasta que esta explicó lo que sucedía.
En las aldeas vecinas se había escuchado sobre la aparición de ladrones, que saqueaban las casas. Entonces la mujer del Samurai había invitado a su madre para que durmiera con ella vistiendo las ropas de él, y si alguien entraba a la casa por la noche, iba a pensar que él se encontraba en el hogar y por lo tanto huiría al ver a un samurai.
El Samurai se estremeció al comprender que tal vez esa noche hubiera sido la más terrible de su vida si se hubiera dejado llevar por el impulso de la ira.
El año pasó rápidamente y el día del cobro llegó. El Samurai hizo nuevamente el largo viaje. El pescador lo estaba esperando y apenas vio al Samurai, salió corriendo y le dijo: “He tenido un buen año. Aquí está lo que le debo y además los intereses. No sé cómo darle las gracias”.
El Samurai puso su mano sobre el hombro del pescador y dijo: “Quédate con tu dinero. No me debes nada. Soy yo el que estará por siempre en deuda contigo”.
Tomado del libro “The Weaponless Warriors”, de Richard Kim.










Gracias por estas valiosas enseñanzas.Octubre 07 de 2010, 12:09 am